Reinventarse o morir 23 enero, 2015 – Posted in: mituqui

Pues…el título lo dice todo, ¿no os parece?

Como ya os he contado, Nayra y yo estudiamos arquitectura (allí nos conocimos) y durante bastante tiempo también la ejercimos. Y de repente ocurrió lo que todos estamos ya hartos de oír, llegó la crisis. Las dos conseguimos esquivarla durante un tiempo pero al final cogió carrerilla y nos pilló.

Y casualmente nos pilló a las dos ¡embarazadas!

Yo ya andaba intentando llenar el mundo de pequeños mituquis e incluso intenté dejarlo todo listo para tener cosas que vender antes de que naciera mi (+1), pero aquello no salió bien.

Nacieron nuestras (+2) y tuvimos la enorme suerte de poder disfrutar de la maternidad a jornada completa durante casi un año. Y aunque nos hubiera encantado ser millonarias y seguir dedicando nuestros días a cuidar de ellas, llegó el otoño y con él ese primer comienzo de año que viene después de las vacaciones y en el que uno, aunque no lo quiera, se replantea su día a día.

La maternidad te cambia, y ¡mucho! (De esto podríamos hablar largo y tendido y seguro que lo haremos) y las dos teníamos claro que queríamos pasar el mayor tiempo posible con (+2), poder cuidarlas cuando se pusieran malitas y no perdernos (casi) nada.

Y además, seamos realistas…. no hay trabajo para los cientos de arquitectos que salen cuando levantas una piedra y tampoco queríamos volver a los largos horarios de estudio. Así que nos unimos al club de los emprendedores, ese al que nunca pensé que pertenecería cuando estudiaba y ¡ya voy por mi segunda empresa!

Cuando la vida te brinda estas oportunidades, no tienes más remedio que pensar qué tipo de trabajo te haría feliz, porque le dedicamos muuuuuuuchas horas a ganarnos el pan. Y en el caso de que el jefe seas tú mismo esto es, si cabe, mucho más importante porque habrá altos pero también bajos, horarios extraños y además es casi imposible no llevarse el trabajo a casa (sobre todo si casa=oficina).

En nuestro caso, estaba claro que tenía que ser algo relacionado con diseñar y crear. A fin de cuentas, es lo que básicamente aprendimos en todos esos años de universidad. Y diseñar para los niños es ilusionante, optimista y sobre todo muy bonito.

Y todo el que diseña sabe que a todo, siempre, se le puede dar una vuelta más. Y eso es lo que intentamos con nuestros productos, repensarlos desde el punto de vista de la funcionalidad como madres pero inevitablemente influenciados por el diseño arquitectónico, haciendo de esto nuestro valor diferencial.

Así que, aquí nos tenéis reinventadas y cargadas de ideas que esperamos ir presentándoos poco a poco y ¡muy pronto!

Elena