La magia de la noche de Reyes 4 enero, 2016 – Posted in: mituqui

A mi casa nunca llegó Papá Noel, pero los Reyes Magos siempre acudían, fieles a su cita, la noche del 5 de enero. Para mí, la noche de Reyes es, todavía hoy, uno de los momentos más especiales del año. Y no porque vengan siempre cargados de regalos sino porque es sinónimo de ilusión y sorpresa.

Cuando se va acercando la fecha, recuerdo, mucho más que los regalos, la sensación de nervios y emoción que empezaba muchos días antes de que viniesen Sus Majestades. Primero había que escribir la carta a los Reyes, cosa que sigo haciendo y enviarla por correo o dársela al paje Real. Y en ese mismo momento mi madre abría la veda de su arma secreta…
– No quiero lentejas
– ¡Uy! Corre, corre, cómetelas que ¡los Reyes lo ven todo!

Todos los días, mañana y tarde, mis hermanos y yo preguntábamos, ¿cuántos días quedan? Y jugábamos a ser el primero en pedirnos los juguetes que salían en los anuncios de la tele. Y al final, después de una laaarga espera, llegaba “El Gran Día” y entonces comenzaban nuestros rituales de la Noche de Reyes.

Lo primero que hacíamos era ir a la Cabalgata, a ver a los Reyes y, por supuesto, a coger caramelos. Y cuando volvíamos a casa le tocaba el turno a elegir qué zapato dejaríamos y sentarnos con papá a limpiarlos. Él aprovechaba a limpiar todos los suyos con la excusa de no saber cuál elegir. Y ya sólo quedaba colocar el zapato en el salón y dejar, agua para los camellos y leche, galletas y turrón para Sus Majestades antes de irse “pronto” a dormir porque si no…¡¡los Reyes pasaban de largo!!

Noche de Reyes

Recuerdo estar impaciente en la cama, querer levantarme 20 veces, escuchar cascabeles e incluso ver alguna capa por la rendija de la puerta antes de dormirme de agotamiento para, al cabo de unas horas, escuchar a mi hermano mayor susurrar: “Despiertaaaa, que ya han venido los Reyes”

Mis padres, más dormidos que despiertos, nos hacían esperar hasta que estuviésemos los cuatro en la puerta del salón, cosa que no era difícil, antes de poder entrar a ver los regalos. Aunque, no hace tanto, alguno ha confesado que siempre echaba un vistazo antes de ir a despertar a los demás. Y entonces llegaba el momento que tanto habíamos esperado, el momento de ver si Melchor, Gaspar y Baltasar habían podido encontrar aquello que escribimos en nuestra carta.

Juguete en mano desayunábamos Roscón todos juntos deseando que nos tocase la sorpresa, nos quedábamos en pijama casi hasta la hora de comer y elegíamos cuál de nuestros regalos llevaríamos al día siguiente al colegio para enseñárselo a los amigos.

Adoro la magia que crearon mis padres en torno a este día, que todavía hoy nos dura, y sólo espero poder regalarle año tras año a mi (+1) la misma ilusión, emoción y sorpresa por este día.

Y vosotros, ¿cómo pasábais la Noche de Reyes?