Escapar de la ciudad con niños 1 Marzo, 2016 – Posted in: mituqui

Tanto si vives en una gran ciudad, en una mediana o en un pequeño pueblito, salir de la rutina es siempre un gran plan.  Para los que vivimos rodeados de asfalto, coches y contaminación, hacer escapadas a respirar un poco de aire fresco es casi una necesidad y, si tienes niños, más bien una obligación. Así que este fin de semana decidimos juntarnos con amigos y escapar de la ciudad con los niños.

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No sabíamos muy bien qué nos depararía el tiempo en el fin de semana más frío de lo que llevamos de invierno. Si podríamos dar un paseo por el pueblo e incluso ver un poquito de campo, o tendríamos que quedarnos todo el día junto a la chimenea, que tampoco es un mal plan.  Pero el sábado amaneció un día espectacular, con frío, pero también con un sol intenso de esos que te hacen disfrutar al máximo después de un día de lluvia.

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Así que mientras ellos hacían acopio de leña y preparaban la comida, nosotras decidimos salir a disfrutar del olor de la tierra mojada y respirar un poco de aire puro.  Lo maravilloso de dar un paseo con tres niños de dos y tres años, por un sitio nuevo, es que se convierte en toda una aventura llena de cosas por descubrir. Nuestro objetivo era llegar a ver unos bonitos caballos en una finca cercana, pero por el camino encontramos piedras, una barra de equilibrismo en forma de borde de carretera, algún muro para escalar y por supuesto… ¡charcos!

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Alguno acabó empapado, así que después de la visita obligada a los caballos volvimos a casa a entrar en calor junto a la chimenea y reponer fuerzas con comida y siesta para poder disfrutar de la tarde entre cuentos, juegos, risas y dulces lugareños.

El domingo trajo más frío y viento pero nos regaló también un poco de nieve que los pequeños disfrutaron al máximo.  Nunca antes la habían tocado y fue precioso ver sus reacciones. Y aunque no había una gran capa de nieve, les dio hasta para hacer un muñeco con nariz de zanahoria incluida. Sin duda, es por este tipo de cosas por las que merece la pena vencer la pereza y de vez en cuando escapar de la ciudad con los niños.

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Después de comer tocaba volver a casa, mucho más contentos y relajados gracias a un fin de semana con esa segunda familia que son los buenos amigos.